Emmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan José Omella Omella
Cardenal-Arzobispo de Barcelona
Presidente de la CEE
(Mensaje no leído públicamente la mañana del 24 de febrero
por haber sido leído en su lugar el Mensaje del Santo Padre Francisco a los congresistas)
Buenos días a todos:
Siento un gozo enorme de poder estar con vosotros y daros la bienvenida, en nombre de la CEE, a todos los participantes de esta jornada presencial del Congreso que lleva por lema “La Iglesia en la Educación”.
Conscientes de los inmensos retos que presenta la misión educativa en nuestro país, el pasado mes de septiembre de 2023, desde la CEE propusimos, a toda la comunidad educativa en la que la Iglesia se encuentra presente, iniciar un proceso de encuentro, escucha mutua y participación. Durante el pasado mes de octubre se convocaron diversos encuentros en torno a nueve grandes ámbitos educativos en los que la Iglesia está presente y ofrece su servicio al bien común.
Con todo el material recogido en cada ámbito durante el proceso participativo que ha tenido lugar estos meses, hoy se culmina esta etapa con la celebración de esta Jornada presencial.
La educación y la formación de los niños, adolescentes y jóvenes es un gran reto y una enorme preocupación en nuestra sociedad. Afortunadamente, la educación ya no es un lujo de unos pocos, sino que está al alcance de todos y además no tiene edad.
Sin embargo, observamos con tristeza que en el ámbito educativo hay todavía muchas sombras. Crecen los problemas de disciplina ya en edades tempranas, muchos educadores han perdido autoridad en el aula. El abandono escolar pone de relieve que muchos niños y jóvenes se están quedando al margen, pierden la ilusión por el futuro, renuncian a la cultura del esfuerzo y sucumben a un hedonismo que les va esclavizando. Hoy nuestros niños, adolescentes y jóvenes viven en una sociedad hipersexualizada, enganchada a las redes y con brotes de violencia (bullying o abusos sexuales) que responden a una apatía, desánimo y falta de sentido de la vida. Además, pese a las facilidades para el estudio y el acceso a las nuevas tecnologías, se detecta a menudo un descenso en el nivel de conocimientos de los alumnos.
Desde la Iglesia consideramos que hemos de educar a nuestros jóvenes para vivir la felicidad propuesta por Jesús en el Evangelio. Mostrarles qué es la felicidad y en qué consiste. Hacerles ver que la auténtica felicidad que ofrece Cristo no es la satisfacción de las apetencias y placeres. Enseñarles que la felicidad es un camino exigente, que implica esfuerzo y renuncias, pero que colma nuestro corazón de vida y de sentido. No podemos engañarles con sucedáneos.
La semana pasada, en este mismo lugar, celebramos el Congreso sobre el primer anuncio y creo que este congreso se inserta en la misma línea que el de la semana anterior. Y es que somos conscientes de que la Iglesia no existe más que para evangelizar. Esté donde esté, su finalidad es anunciar la Buena Nueva de Jesús a todos los que encuentra en su camino: en la enseñanza, el deporte, la medicina, el trabajo, en las distintas profesiones de la vida. Y debe hacerlo con las herramientas a su alcance.
Ya sé que evangelizar hoy en día no es siempre tarea fácil, pero ¿lo ha sido alguna vez? Los cristianos a tiempo y destiempo han sabido ser fieles al amor de Dios y han intentado sembrar el evangelio en persecución, en tiempo de calma, con medios pobres o sin medios de ningún tipo, pero han lanzado la semilla por donde pasaban o en donde estaban.
La pregunta que nos hacemos siempre es: Y ¿cómo se evangeliza? Fundamentalmente por contagio: “mirad cómo se aman” … “mirad cómo ayudan a los demás” … “mirad cómo aman a Dios, cómo están enamorados de Dios”.
La semana pasada, en el Congreso sobre el Primer Anuncio, leí el texto, para mí precioso, que aparece en el libro “La sabiduría de un pobre”, de Éloi Leclerc, en donde se habla de cómo evangelizar. El autor pone el texto en boca de San Francisco de Asís. Dice así:
“El Señor nos ha enviado a evangelizar a los hombres, pero ¿has pensado ya lo que es evangelizar a los hombres? Mira, evangelizar a un hombre es decirle: ‘Tú también eres amado de Dios en el Señor Jesús’. Y no solo decírselo, sino pensarlo realmente. Y no solo pensarlo, sino portarse con este hombre de tal manera que sienta y descubra que hay en él algo de salvado, algo más grande y más noble de lo que él pensaba, y que se despierte así a una nueva conciencia de sí. Eso es anunciarle la Buena Nueva y eso no podemos hacerlo más que ofreciéndole nuestra amistad; una amistad real, desinteresada, sin condescendencia, hecha de confianza y de estima profundas. Es preciso ir hacia los hombres. La tarea es delicada. El mundo de los hombres es un inmenso campo de lucha por la riqueza y el poder, y demasiados sufrimientos y atrocidades les ocultan el rostro de Dios.
Es preciso, sobre todo, que al ir hacia ellos no les aparezcamos como una especie de competidores. Debemos ser en medio de ellos testigos pacíficos del Todopoderoso, hombres sin avaricias y sin desprecios, capaces de hacerse realmente sus amigos. Es nuestra amistad lo que ellos esperan, una amistad que les haga sentir que son amados de Dios y salvados en Jesucristo”. (Eloi Leclerc. Sabiduría de un pobre. Edit. Marova. Año 1980, pág. 164).
Amigos, para ser un buen enseñante hace falta ser un buen profesional, un buen pedagogo, un buen acompañante. Pero la base humana del pedagogo es el amor, es querer a los alumnos. Y evangelizar no es otra cosa que amar y la verdadera amistad no esconde los defectos, no traiciona, sino que dice la verdad.
Mirad, la verdadera autoridad (“auctoritas”) se basa en los tres atributos de Dios: “Verum, bonum, pulchrum” (verdadero, bueno, bello). Ojalá los vivamos, los viváis vosotros, queridos profesores.
Y la evangelización, también en el ámbito escolar, solo será efectiva si se realiza en comunión, en sinodalidad y en apertura a los nuevos tiempos y a los retos de cada momento.
De ahí la necesidad de impulsar la iniciativa del Pacto Educativo Global (2019), promovido por el papa Francisco, y la reciente Instrucción de la Congregación para la Educación Católica, La identidad de la escuela católica para una cultura del diálogo (2022).
Los obispos nos sentimos orgullosos y agradecidos por la tarea educativa que desarrolla la Iglesia, por todo lo que se ha hecho hasta ahora y seguiremos haciendo, contando con el trabajo de todos los actores, instituciones, carismas, proyectos e iniciativas educativas.
Acabo mi intervención agradeciéndoos todo el trabajo realizado hasta este momento. Tenemos la esperanza de que este Congreso, construido entre todos siguiendo el estilo sinodal, sirva para tomar conciencia de la real presencia educativa de la Iglesia en nuestra sociedad, potenciar nuestro trabajo en red, renovar nuestro compromiso con esta importante misión y compartir con la sociedad las riquezas y posibilidades que ofrece nuestra experiencia ante los desafíos que afronta la educación.
Ánimo con el trabajo y que Dios os bendiga y acompañe a todos.
Juan José Omella Omella
Cardenal-Arzobispo de Barcelona
Presidente de la CEE
